miércoles, 23 de mayo de 2018

Con todos mis miedos me encomiendo a ti, a tu benevolencia y a tu mirada.  Tu mirada que me hace confesar todos los pecados,  que me hace creer en el destino.
Vuelvo la cabeza al piso para reverenciar tu existencia, esa forma omnipresente que se erige ante mi como obelisco, como torre, como altar; y no sé  si algún día deje de rezarle a tu axis que sostiene mis cielos y a la luna de tu risa que ilumina como  cientos de soles esta habitación oscura.
Y sagrado es el suelo que pisas y bendita la música que bailas, porque tu sudor lava todos los pecados del mundo como lluvia bendita.
Y yo me encomiendo a ti como un alma que busca eternidad, como quien busca ir al cielo y encontrar  la paz. 

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