jueves, 16 de julio de 2015

Que llegaras, Diablo, lo pedía a gritos, a gotas, a miradas…
Te dibujaba una y otra vez en el marco de la puerta, mis ojos suplicaban tu silueta y mi oído te buscaba en otros labios…
No estabas, Diablo, no viniste, y te dejé en la mesa tantas cosas: mis versos, mi voz y mi porfía y tantas ganas que me dan por abrazarte.
No te escucho ya ni en mi recuerdo, y esos ecos que sueño me destruyen, te siento, mi bien, a la distancia, me faltas, me haces mal y más te amo…

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